miércoles, 26 de octubre de 2011
Ya perdoné errores casi imperdonables, traté de sustituir personas insustituibles y olvidar personas inolvidables. Ya hice cosas por impulso, ya me decepcioné con personas cuando nunca pensé decepcionarme, mas también decepcioné a alguien. Ya abracé para proteger, ya me reí cuando no podía, ya hice amigos eternos. Ya amé y fui amada, pero también fui rechazada, ya fui amada y no supe amar. Ya grité y salté de tanta felicidad, ya viví de amor e hice juramentos eternos, pero también “rompí la cara" muchas veces. Ya lloré escuchando música y viendo fotos, ya llamé sólo para escuchar una voz, ya me enamoré por una sonrisa, ya pensé que iba a morir de tanta nostalgia y tuve miedo de perder a alguien especial, y terminé perdiéndolo pero sobreviví. Y todavía vivo.
A veces, buscamos, buscamos y seguimos buscando creyendo que de verdad existe el príncipe azul, el amor ideal, nuestra media naranja. El amor se vuelve ideal cuando una lo ve perfecto, y es perfecto cuando nos enamoramos. Porque es así, cuando una se enamora, se enamora completamente tanto de las virtudes como de los defectos de la otra persona, tanto física como personalmente, esa persona se vuelve PERFECTA. Y ahí es cuando creemos que encontramos al amor de nuestras vidas, decimos que nunca conocimos a alguien igual y hasta pensamos que vamos a terminar casadas, con hijos, felices. Volamos, llenas de ilusiones, desplegamos unas alas enormes y después caemos, nos hundimos en la realidad y nos alejamos de lo ficticio, de la utopía de creer haber encontrado a nuestro príncipe azul. Nos ahogamos en nuestro llanto, otras, a veces, lo ocultamos, no demostramos el dolor que nos causa semejante golpe, descender desde tan alto. Y una vez que la tormenta para, una vez que volvemos a creer que sale el sol (porque así somos, exageradas, dramáticas) llenas de esperanzas retomamos a la tarea de buscar y buscar al amor de nuestras vidas, sin saber que el amor llega sólo, no se busca, se espera que llegue cuando tenga que llegar, que nos sorprenda, que nos haga volar, subir, bajar, reír, llorar Que nos golpee la puerta y nos llene de emociones y sentimientos nuevos, que nos haga crecer y no retroceder, que nos busque, nos encuentre, nos llene, nos complemente, que no nos deje solas aunque se vaya lejos, que sepa querernos y cuidarnos, que nos aleje de la idea ficticia de creernos cenicientas, que tenemos que quedarnos fregando pisos hasta que el príncipe se digne a buscarnos/encontrarnos para devolvernos nuestro zapato de cristal. No busquemos mas amores imposibles, los príncipes y las princesas sólo se ven en los cuentos, mi vida es una realidad y no se asemeja ni un poco a la historia de una princesa, por eso ambiciono con amores reales, amores pasajeros o eternos. Pero reales.
¿Cómo se puede amar y odiar a alguien al mismo tiempo? Así es mi amor: atemporal. Por momentos olvido el presente cuando él es un tipo despreciable y solo puedo recordar cómo era, cómo me trataba, cómo me quería. Mezclo personalidades, momentos, tiempos y así mi amor se vuelve atemporal: sin poder distinguir lo que fue y dejó de ser, de lo que nunca será. Te amo y estoy acá. Quiero escucharte. No me prives, no me censures, no te escapes: esta realidad existe. Los amores juveniles son así. Obsesivos, absolutos: a todo o nada. Mis relaciones afectivas siempre fueron así: difíciles de concretar y dotadas de una obsesión incandescente. Una obsesión que me consume, que me mata, que me hiere y que aún así defiendo. Porque llegué a pensar que amor sin sufrimiento no era amor. No, no soy brillante ni la mejor, no soy la más coherente tampoco. Soy poco y de lo poco que soy poco entiendo.Nunca lo que yo quiero se hace realidad, nunca. Porque mi imaginación siempre es más grandiosa y más potente y mucho más placentera que la realidad. Ojalá fuera autista, ojalá viviese adentro de mi mente. Quisiera dormir para siempre. El amor es perro. Pero aún si pudiera elegir vivir sin amor, no lo haría. Hace tiempo que pienso que es mejor estar doliente por un amor irreal, o maligno o escabroso, en lugar de estar obnubilado por la nada y ser comido progresivamente por el aburrimiento del bienestar. Inevitablemente tengo que odiarlo. Lo culpo de mi soledad, de mi miedo a las personas, de mi desconfianza en general, de mi despecho. Me he dejado pisar, basurear, usar. He dejado que hicieran lo que quisieron con mi cuerpo, con mi mente y mis deseos, pero siempre quedó firme la idea de amarte para toda la vida. Vivir porque sí, porque ni siquiera te molestas en matarte. Porque ni siquiera eso te atrae. Vivir esperando que algún día aparezca una pizca de interés o un rasguño de emoción o incentivo por algo. Casi por inercia. Esperar que los días sean todos iguales. Buscar cosas para hacer, no por placer sino para evitar el dolor que supone seguir respirando. Así soy: extremista hasta límites insospechados. Siempre pienso que la gente me quiere abandonar o engañar o simplemente desconfía de mí. Me veo inexistente cuando por fin la melancolía se va. Ruego que vuelva la tristeza: quiero por lo menos sentir algo. Y algo incluye dolor. Peor que sentirse mal es no sentirse. Y ya no siento.
He cometido muchos errores. He llorado por quién no debía y he reído con falsas amistades, he tropezado dos veces con la misma piedra y cuando pensaba que ya no lo haría más, me empujaron y caí estampado con la tercera. He perdonado mucho, demasiado, he callado te quieros que, por miedo o por inseguridad se quedaron por mucho tiempo en el aire. Ha habido veces que me he despertado con ganas de comerme el mundo y otras que parece que el mundo me comía a mi. He gritado con fuerza, pero mi voz no siempre salia, y he callado verdades por no hacer daño. Hay días que dormía solo para poder verte en mis sueños y días en los que no podia dormir. He abrazado a la persona que pensé que nunca me haría daño y me he dado cuenta de que esa persona no se merecía ni el roce de mi piel. He tenido la sensación de volar más alto que las nubes, en el lugar más insospechado. He cantado en la ducha hasta que mi garganta no podia más, ha habido días que me sentía precioso y otros que no quería ni mirarme al espejo. He descubierto que el paraíso puede encontrarse en el tacto de una piel suave, que las caricias son más fuertes que los golpes y que los besos pueden hacerte volar. He disfrutado de pequeños detalles, y he aprendido poco a poco en qué consiste la vida. Y el secreto, el verdadero secreto de todo está en no arrepentirse de nada :)
NO IMAGINO TUS MANOS SOBRE OTRO CUERPO, EL PENSAR EN TU MIRADA MUERTA TORTURA EL MARTIRIO DE MI VOZ QUE LLORA MIENTRAS VIVE, Y MUERE MIENTRAS RESPIRA DE TU ALIENTO. NO ME DIGAS QUE ESTO ES FACIL. AHORA TUS LAGRIMAS AHOGAN MI ANSIEDAD DESESPERADA, Y ME PIDEN QUE JAMAS PRUEBE TU SAL. DIA A DIA MUERO EN TU VENENO, NOCHE A NOCHE ME ACARICIAN TUS RECUERDOS LOCOS BAÑADOS CON LA MUERTE DE ESTE AMOR ENFERMO, VIRTIENDOSE EN MI PECHO COMO HIELO.
Tal vez yo deba resignarme y no llamarte más, tal vez yo deba respetar y no rogarte más, tal vez deba dejar con toda dignidad que vivan un romance en paz, no sé quién de los dos es el que esta perdiendo más, no se si te das cuenta con la estúpida que estas. Yo se que no podrá quererte como yo, así no te amará jamas.
He llegado a conclusiones que superaron mis espectativas, ampliamente. Realmente, qué falcil resulta dar consejos que se convierten en irrealizables para uno mismo. Qué facil es confiar y creer en alguien que, de todos modos, termina cayendo de, nosé si la peor o mejor manera. Ni que fuese planeado. Pero, no. A veces me pongo a pensar un poco y digo: "¿cómo es posible que la gente sea así, doble cara, cuando vos no lo sos con ellos? ¿Será que lo hacen a propósito o, sencillamente, les sale porque su naturaleza misma va con eso?". No sé psicología ni tampoco soy socióloga para saber cómo la gente se vincula con la sociedad. Sin embargo, vivo todos los días de mi vida, desde hace 14 años, en relación a otros y, me parece, que eso me da un poco de competencia como para, mínimamente, dar un punto de vista, una opinión o decir lo que pienso y veo. Es así, hoy por hoy, no puedo decir "cuento con vos siempre", "sos todo", "sos una persona excelente" o "te merecés lo mejor del mundo" y cosas así porqe sé que, de la manera que hoy es "alguien", mañana ya no lo es, deja de serlo; de la manera en que hoy está una persona, mañana ya no existe ni siquiera como conocido. Sin pensar en influencias de los demás o en factores biológicos, las personas somos así y no hay vuelta que darle. Nadie debería jugarsela por alguien pensando que podría ser para toda la vida porque, al fin y al cabo, no existe ese "para siempre". Gente pura que, poco a poco, se va convirtiendo en tóxica, son las que actualmente sobran. Y, ni te digo del número de "intoxicados". Por ahí está bueno aprender un poco a ser más críticos con nuestro entorno y con nosotros mismos. Vale aprender a golpes, a decepciones, a tristezas y a amarguras. Pero, hay que saber que también se puede aprender viendo un poquito más real la situación y a evitar determinas cosas de las cuales somos conscientes que no van a ser muy alentadoras. Enojarse, golpear, romper, gritar, decepcionarse, son accidentes que se superan y que, a la menor fisura que presentemos, se van a apoderar de nosotros. Por eso, sepamos reaccionar, abrir los ojos y vivir no como se pueda, sino como vos lo digas.
RESISTIR es tener el valor de enfrentar a algo. Es tener la fuerza para dar el volantazo a tiempo, nadar contra la corriente aunque ya te sientas ahogado, tratar de que el vaso no se te revalse. Es resignar algunas cosas por la felicidad de otros, pensar más en los demás antes de que en uno mismo..
RESISTIR es cambiar el rumbo a todo lo que va hacia el avismo.CRECER ES VIVIR .
Para resistir tenemos que creer, no dejar de pelearla. No tenemos que dejar que se revalse el vaso, REMARLA.
RESISTIR es cambiar el rumbo a todo lo que va hacia el avismo.CRECER ES VIVIR .
Para resistir tenemos que creer, no dejar de pelearla. No tenemos que dejar que se revalse el vaso, REMARLA.
Aprendí que los peces nadan y la aves vuelan. Que los políticos mienten, que la Tierra es redonda. Que la gente es falsa, que todo el mundo tiene dos caras. Aprendí que la suma de dos y dos son cuatro, que hay que dar más de lo que se recibe. Que no hay que ilusionarse demasiado. Que la vida es un regalo. Me enseñaron que el futuro no está escrito, que el universo es infinito y que nosotros somos personas diminutas, casi inexistentes. Aprendí que el tiempo pasa, que las arrugas salen, que los pechos se caen y que la belleza no es lo más importante. Aprendí a no creer en las promesas, a confiar en casi nadie y a contar con los dedos de una mano a quien de verdad siempre estuvo a mi lado.
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